Trabajo y tiempo libre, ¿librados de qué?

Opinión 02 de febrero de 2019 Por
Llegamos felices al viernes y al poco tiempo ya sentimos que no alcanza, el fin de semana nos resulta tan corto, parece que teníamos cuantiosas cosas para hacer y no pudimos por falta de tiempo.
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Trabajo y tiempo libre.

El trabajo es un organizador psíquico, todos necesitamos trabajar, nuestra vida y necesidades giran en función a sí contamos o no con él, a qué tipo de trabajo tenemos, si la remuneración obtenida es suficiente o no, disponemos de los horarios de nuestra cotidianeidad acorde a la agenda laboral, y, por consiguiente, el tiempo libre también es proveído por él. ¿Realmente contamos con tiempo libre o sólo es un descanso orgánico para poder seguir trabajando? Llegamos felices al viernes y al poco tiempo ya sentimos que no alcanza, el fin de semana nos resulta tan corto, parece que teníamos cuantiosas cosas para hacer y no pudimos por falta de tiempo, por cansancio, por asistir a eventos, algunos obligados, que tienen que ver con nuestro círculo social. Un círculo social que se va acotando conforme pasan los años.

"¿Realmente contamos con tiempo libre o
sólo es un descanso orgánico para
poder seguir trabajando?".

Escuchamos más seguido de lo que quisiéramos “En este país no trabaja el que no quiere”, el mismo país del “algo habrán hecho”. Inferir que todos podemos acceder a trabajar, se constituye en un preconcepto que naturaliza un proceso que es social, transmitido de generación en generación, provocando mecanismos coercitivos similares a la ideología de los terratenientes y que justifican el desempleo.

Aquí, como en cualquier país del mundo, no sólo se precisa tener ganas de trabajar para hacerlo, sino que se tienen que dar una serie de situaciones competitivas en las que se urge ser el ganador, competir con un otro que se convierte en rival y vencerlo. Cada vez más, el mercado laboral se consolida en sus exigencias y gran parte de la población queda expulsado del mismo. Los postulados que enuncian a la educación y capacitación como la clave para el desarrollo a nivel mundial, no tienen en cuenta, que, en muchos casos, no se posee ni una ni la otra; además se suman los bajos salarios y precarización laboral.

La escuela no prepara para las exigencias del mercado y sólo enseña a competir como lo exige el derrotero mundial, más no así, a pensar por nosotros mismos, ser mejor que otro es la premisa, no importa cómo ni en qué, solo mejor; sin embargo, la capacitación tal vez no sea el punto nodal ya que, aun así, el mercado y la mercancía crecen exponencialmente.

Los sistemas productivos se mueven a un ritmo muy superior al de la escuela, lo que es traducido como desocupación, se insta a que se elijan para los puestos laborales a quienes más capacitación manifiesten, haciendo la brecha cada vez más grande y conformando un círculo vicioso del que pueden salir ilesos los que logran la obtención de mayores herramientas laborares, no disponibles para todas las clases sociales.

"Los sistemas productivos se mueven a un ritmo
muy superior al de la escuela,
lo que es traducido como desocupación".

Una vez que se ingresa al circuito laboral, la exigencia continúa debido a los requerimientos del mercado, generando cansancio, estrés, angustia; se torna imprescindible así, el tiempo libre. Paulatinamente, nuestro tiempo ocioso está cada vez más relacionado con el ámbito privado, los espacios de compartir en comunidad van menguando mientras el desarrollo de las ciudades se produce, consecuentemente, nos vamos acostumbrando cada vez más a ensimismarnos, el otro deja de concernirnos, deja de ser parte de nuestra recreación. Salimos, sí, socializamos, también, pero es tan fuerte la demanda que nos exige el ámbito público en la jornada laboral desde lo físico y lo psíquico, que muchas veces, demasiadas tal vez, preferimos quedarnos en casa solos o con las pocas personas con las que transcurre nuestra cotidianidad.

"Paulatinamente, nuestro tiempo ocioso está
cada vez más relacionado con el ámbito privado,
los espacios de compartir en comunidad van menguando".

A medida que pasan los años, las festividades son con menos integrantes, los amigos son cada vez más selectos; podemos decir que la madurez nos hace más discrecionales, pero también puede ser que las exigencias laborales sean tan intensas que lo único que queremos hacer en el tiempo libre es descansar del tumulto, del ruido, de la sobre exigencia. Tal vez no debamos permitir que el trabajo y sus obligaciones nos alejen de quienes hacen que la vida valga la pena, al fin de cuentas, trabajamos para satisfacer nuestras necesidades y pienso que no hay necesidad más grande que el compartir con otros, acompañarnos en lugar de abstraernos en nosotros mismos para sobrellevarlo.

Por: Moira Corendo
        Psicóloga Social

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