El docente que enseña a luchar

Opinión 09 de marzo de 2019 Por
La lucha salarial de los educadores de este país es histórica y el motor de la misma se ha mantenido durante años: remuneraciones conformes a la canasta básica y aumento del presupuesto educativo nacional.
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Docente en clase

Sólo algunos colegios comenzaron las clases el miércoles 6 de marzo como estaba estipulado, no cumplimentando ya los 180 días de clases con los que deberían contar los alumnos de nuestro país.

Pese a que la Institución Educativa es parte del Estado y es él quien debiera garantizar las condiciones para que las clases comiencen en tiempo y forma, se responsabiliza al docente de que este hecho se produzca con retraso. Nos resulta tan fácil desplegar el dedo acusador, apañados en la representación social que fuimos construyendo año tras año, comenzando a expresar que esos docentes no están interesados en realizar su rol de enseñanza, que no cumplen con su compromiso, que se debe a su falta de vocación, también escuchamos y naturalizamos la frase: “poseen 3 meses de vacaciones y trabajan sólo 4 horas por día”; sin embargo, también podríamos salirnos de ese patrón crítico y mediante nuestra capacidad empática, entender las razones del paro docente.

La lucha salarial de los educadores de este país es histórica y el motor de la misma se ha mantenido durante años: remuneraciones conformes a la canasta básica y aumento del presupuesto educativo nacional. ¿No pareciera que piden tanto no? Lo mínimo que exige cualquier trabajador, la diferencia radica en que ponemos en sus manos la enorme responsabilidad de educar a nuestros niños, formándolos como ciudadanos críticos, mediadores entre ellos y el mundo, desarrollando la función de sostén, pretendiendo, muchas veces, que fomenten en los niños normas y hábitos que corresponden a los padres. Parece demasiado.

"...remuneraciones conformes a la canasta básica y
aumento del presupuesto educativo nacional.
¿No pareciera que piden tanto no?
Lo mínimo que exige cualquier trabajador..."

El Sistema Educativo es formal porque los contenidos y su funcionamiento son determinados por el Estado; gradual debido a que recorre diferentes estadios por los que se debe atravesar indefectiblemente para poder avanzar y sistematizado a causa de que algunos entregan el conocimiento y otros lo reciben; los docentes, alumnos y padres, aceptan estas condiciones para poder ser parte de la Institución Educativa, mediante un tácito contrato simbólico, rígido y despiadado que implica acatar resoluciones tomadas por otros, siempre por otros.

En ese contrato la Escuela, como parte de la sociedad, reproduce y sostiene el modo de producción capitalista; la educación que se genera en gran parte del mundo, es deficitaria, con una formación que no enseña a pensar, que pondera la repetición y memorización de fechas sin lograr la internalización de los hechos, sin promover el cuestionamiento de los mismos para asimilarlos. Entonces ¿qué podría haber debajo de la precarización laboral que sufre el docente?, podemos pensar que ¿pagándole bajísimos sueldos, el Estado se asegura que la transmisión del saber sea sólo básica y rudimentaria? Ese docente que gana un sueldo por debajo de la canasta familiar, tiene tantos problemas para su subsistencia como cualquier otro empleado que vende su fuerza de trabajo, batallando para llegar a fin de mes, decidiendo qué pagar y qué no, endeudándose metódicamente, sobreviviendo apenas.

"Ese docente que gana un sueldo por debajo de la canasta familiar,
tiene tantos problemas para su subsistencia
como cualquier otro empleado que vende su fuerza de trabajo."

A esta situación ya por demás difícil en sí misma, le sumamos que dan clases en establecimientos donde las condiciones edilicias no son óptimas, desempeñando roles que no le corresponden, bregando porque sus alumnos reciban al menos una comida en la Escuela que los ayude a estar concentrados unas horas, con la angustia de saber que quizás sea la única ingesta del día, entregándoles las sobras de pan para que lleven a sus hogares aunque saben muy bien que eso no está permitido, ayudándolos a sobrevivir, como ellos, para que puedan volver mañana, para que tengan un futuro o al menos sueñen con él.

No es nada fácil enseñar a quién tiene la panza vacía y menos aún si la propia está en las mismas condiciones; probablemente lo que ese docente haga sea acatar los contenidos curriculares provistos por el Estado y los despliegue sin mayores cuestionamientos, desarrollando el saber de manera lineal, sin lograr innovar, ni fomentar la conciencia crítica en sus alumnos. ¿El Estado así obtiene su cometido? No siempre, porque pese a todo, los docentes luchan, luchan por un sueldo digno y por mayor presupuesto educativo, pero también por sus alumnos, enseñándoles a ellos y a sus padres, que es su deber pelear por una vida mejor, exigir mejores condiciones laborales y de salud mental, por crear ciudadanos de Derecho, educar niños que aprendan a pensar y deliberar, también luchan por los que ya no están y les dejaron su marca, por el “Maestrazo” del 88’, por las Carpas Blancas, por la memoria de la vicedirectora y la auxiliar muertas a causa de una explosión de gas y por la Institución Educativa. Podemos acompañarlos en su lucha o al menos dejar de juzgarlos.

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