185 puñaladas al Sistema Jurídico

Opinión 16 de marzo de 2019 Por
Mediante el testimonio de los vecinos se puede apreciar y clasificar la violencia familiar y de género a la que estuvieron sometidos Paola y sus tres hijos.
ViolenciaGenero
Violencia de Género

El lunes 11 de marzo nos enteramos del asesinato ocurrido en José C. Paz, Paola mató a su marido propinándole 185 puñaladas, la hija de ambos, Milagros, participó en el hecho por miedo a que su madre fuera la que resultase asesinada en lugar de su padre.

El testimonio de sus hermanas y los vecinos del lugar indicarían que Paola y sus tres hijos sufrieron a lo largo de los años, todos los tipos de violencia existentes por parte de su marido. Mediante esos testimonios se puede apreciar y clasificar la violencia familiar y de género.

Algunos de los relatos expresan: “Le decía a su hija más grande: agradecé que no te violo a vos y a tus hermanos. Le dijo a Paola: hoy se termina todo, tu vida y la de tus hijos. Paola sos una inútil, ¿qué vas a hacer con tu vida?” (Violencia psíquica y emocional), “Yo vi cuando le pegó con la hidrolavadora” (Violencia física), “Quería que se peleara con nosotras, si llamábamos nos cortaba el teléfono, yo salía a hacer las compras y esperaba verla para saber cómo estaba” (Violencia Social), “La obligaba a prostituirse en la ruta 8, la dejaba ahí a la fuerza, le tiraba de los pelos, la arrastraba” (Violencia física, económica y sexual), “Cuando la hija del medio se llevó dos materias, la tiró en el suelo y le pegaba patadas en la panza mientras le decía sos una burra de mierda” (Maltrato infantil), “Lo denunció cuatro veces, tenía una perimetral pero nunca se cumplió. La vez de la hidrolavadora, llamé al 144 y me dijeron que la denuncia la tenía que hacer ella o que la hija me hiciera una nota para que yo presentara” (Violencia jurídica). Esto es sólo una pequeña muestra de lo expresado por los residentes del barrio. En el país del “No te metás” y del “Ah yo, argentino”, ¿por qué esta vez la comunidad se organizó espontáneamente para salir a respaldar a las dos asesinas confesas? Las defienden sencillamente porque han sido testigo de la violencia sistemática y metódica que el extinto ha infligido sobre su mujer e hijos y además porque eso hacen las comunidades, sostenerse, que es mucho más de lo que hizo el Estado por ellas.

Quien debe resguardar por la seguridad de miles de mujeres que día a día se dirigen a denunciar, pese a tener que atravesar el vejamen institucional que esto significa, es el Estado, si Él no responde, ausente y negligente, convierte a la víctima en doblemente violentada, la destrata en su Yo y aumenta desmedidamente su sufrimiento psíquico.  En ocasiones como ésta, la burocracia, la desidia, la apatía hacia el dolor del otro, la falta de infraestructura para albergar a las víctimas de violencia de género, confluyeron en Paola vehiculizando la desesperación para salvar su vida y la de sus hijos.

"Quien debe resguardar por la seguridad de miles de mujeres
que día a día se dirigen a denunciar, es el Estado."

Asesinó a su marido y cargará con el peso de ese acto el resto de su vida, sin embargo, considero que el abandono estatal, desoyendo su pedido de auxilio, la empujó a cometer ese acto, repudiable en cualquier circunstancia, pero entendible si lo contextualizamos, si logramos comprender por la impotencia que infiero la atravesaba, la desesperación, la desesperanza y sobretodo el miedo, su fragilidad yoica abarrotada por ese miedo que la superó, la agonía de vivir sabiendo que la iba a matar, la desazón por dejar a sus hijos librados a la merced de ese padre violento.

185 veces lo apuñaló, 185 ¿Cuántas veces entonces la apuñaló el sistema jurídico a ella? ¿Cuántas veces el poder judicial la vio desangrándose y la siguió asestando? Incluso ahora, que ella sigue viva, también murió un poco. Aquí no hubo justicia, ni antes ni ahora, una muerte bajo estas condiciones extremas nunca es justa, aquí sólo hubo dolor; pero al menos hubo comunidad, al menos hay quien sostiene.

"Aquí no hubo justicia, ni antes ni ahora,
una muerte bajo estas condiciones extremas
nunca es justa, aquí sólo hubo dolor."

Paola y Milagros ahora saben que no están solas, que aunque el Estado haya desoído su reclamo, aunque no haya las suficientes casas refugio para víctimas de violencia de género, aunque la justicia patriarcal se haya cobrado otra víctima, en este caso perteneciente a la masculinidad hegemónica, aunque la emoción violenta o la legítima defensa no sean suficientes para evitar el encarcelamiento, aunque Paola tenga que soportar la culpa corroyendo cada fibra de su consciencia; ahora ya no están solas, el barrio, su comunidad, la que las vio sufrir, las está esperando.

Por: Moira Corendo
        Psicóloga Social

Te puede interesar