Vínculo Abuelos – Nietos

Opinión 13 de julio de 2019 Por
Los abuelos representan para sus nietos, la historia vivida y contada, son ese mendrugo de pasado que vuelve mediante un cuento, una anécdota, una receta, una planta que cuidar, una canción qué enseñar.
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Llegaron las vacaciones de invierno y uno de los mejores planes para los niños es pasar tiempo con los abuelos; ya sea por necesidad debido a la situación laboral de los padres, por el puro placer de compartir el vínculo abuelos – nietos o por ambas. Y no me refiero solamente a los abuelos consanguíneos, sino también a aquellas figuras significativas que acompañan el desarrollo de nuestros hijos.

La gran mayoría de nosotros hemos tenido durante parte de nuestra vida, esa abuela que sostiene, agasaja y enseña, que se guarda en la memoria, marcando nuestra infancia y nuestra personalidad, creyendo eternamente en nosotros, orgullosa e implacable ante las críticas que hayamos podido recibir y por sobre todas las cosas, profesándonos un amor tan grande como tangible. ¿Cómo es posible que comer una mandarina ácida nos transporte irreflexivamente, en una fiesta de sabores y olores, al patio de esa abuela? Eso es viable porque los abuelos también han sido constitutivos de nuestra subjetividad, y son esos primeros vínculos los que se internalizan en nuestro psiquismo para siempre permitiéndonos operar a través de ellos en todos los grupos a los que pertenecemos a medida que vamos creciendo.

Los abuelos representan para sus nietos, la historia vivida y contada, son ese mendrugo de pasado que vuelve mediante un cuento, una anécdota, una receta, una planta que cuidar, una canción qué enseñar. Estos elementos contribuyen a la identidad de sus nietos y van llenando los espacios que alberga la curiosidad y la pregunta.  A su vez, los nietos retroalimentan a los abuelos con su energía, con sus risas, con su manera de ver la vida, tan diferente a la de ellos. Les plantean inquietudes, los interpelan, los obligan a cuestionarse.


"¿Cómo es posible que comer una mandarina ácida
nos transporte irreflexivamente,
en una fiesta de sabores y olores, al patio de esa abuela?"

Entonces, si los abuelos conforman para los nietos un nexo con el pasado, los nietos son para ellos, su conectividad hacia un presente que caminan juntos y que les permite mirar hacia un futuro desarrollando la función de continuidad. Cuántas veces hemos escuchado una abuela diciendo: “Mis nietos me cambiaron la vida, ahora vivo para ellos”. Esta expresión, que podría utilizarse metafóricamente, tiene más de verdad que de alegoría, los nietos otorgan el proyecto de vida que en muchas ocasiones se ausenta con la tercera edad. Llegado ese momento evolutivo, los adultos mayores comienzan a transitar la pérdida de sus padres, pareja, amigos, vínculos que los sostuvieron y acompañaron, además comienzan a ver su propia muerte como cercana. Muchas veces para atravesar esos duelos, se torna fundamental la compañía de los nietos obligándolos así, a salir de su estado de dolencia. Ellos pasan a conformar su proyecto de continuidad hacia la vida, dejando su huella en sus nietos, su pedacito de identidad y al mismo tiempo logrando trasformar el dolor por la cercana muerte en satisfacción por esa vida que logran disfrutar.

"Ellos pasan a conformar su proyecto de continuidad
hacia la vida, dejando su huella en sus nietos,
su pedacito de identidad..."

Asimismo, los abuelos se constituyen socialmente en los cuidadores oficiales de los nietos, esto además de otorgar la posibilidad de compartir tiempo juntos, les concede entidad y poder de decisión en algunas ocasiones, permitiendo que su estructura Yoica no se fragilice. Sin embargo, si bien sabemos que nadie cuidará mejor a nuestros hijos que nuestros padres, esa no es su obligación y cuando esto se vuelve una exigencia diaria, los roles se van modificando y el rol de abuelos muda a ser el de padres, desvirtuando así su función de disfrute y acompañamiento.  Del mismo modo, el vínculo abuelos – nietos también puede ser reparador de las estructuras vinculares entre padres – hijos. La nueva generación permite a abuelos y padres reconstruir la estructura vincular en nuevos parámetros conformados con mayor entendimiento y comprensión de unos y otros. 

Si bien la esperanza de vida ha ido en aumento, es difícil llegar a la vejez en este contexto socio histórico del que formamos parte; el sistema económico y nuestras representaciones sociales involucradas en una concepción cultural donde las personas mayores ya no son consideradas como productivas, hacen que veamos a la vejez como un lugar al que no se quiere arribar, haciendo todo lo posible por demorar su llegada. Las condiciones económicas de gran parte de la población de la tercera edad se corresponden con la pobreza, por tanto, plantear un proyecto de vida se torna dificultoso sin siquiera tener acceso a la compra de los remedios, ni a la canasta básica; más no imposible.

Hay momentos en que lo único que les transmite alegría a los abuelos son sus nietos y de nosotros, como padres, depende el fortalecimiento de esa estructura vincular. Podemos cambiar la manera en que nos relacionamos, respetando y valorando la sapiencia de otra época con la que cuentan los adultos mayores, confiando en ellos para que acompañen a nuestros hijos, escuchándolos y dando lugar a que el vínculo abuelos – nietos sea para toda la vida. 

*Moira Corendo: Psicóloga Social

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