
Ingenio argentino en Malvinas: el protagonismo de una máquina de fideos
El Objetivo
Varias historias se desenredan durante la Guerra de las Malvinas. Las Fuerzas Armadas argentinas tuvieron que desarrollar su creatividad para minimizar de alguna manera la gran brecha tecnológica que les separaba del ejército inglés, y para ello entro en juego el ingenio argentino con el protagonismo de una “máquina de hacer fideos”.
Para defender un avión de los misiles enemigos, las aeronaves propagan una nube de pequeñas y delgadas piezas de aluminio, fibra de vidrio metalizada o plástico metalizado, que se denominan “chaff”, y que consiguen perturbar y apartar los misiles guiados por radar de su objetivo.
Los bombarderos argentinos Canberra no contaban con esas defensas o señuelos antirradar, tan necesarios para confundir los sistemas de guiado de los misiles ingleses.
Pero la creatividad y el ingenio de los mandos de la Base Aérea en Trelew, donde se encontraban desplegados ocho de los Canberra, ya estaba dando frutos.
Para desarrollar los chaff era necesario obtener láminas de papel metalizado grueso. En los depósitos de la misma Brigada había grandes rollos de ese material, utilizado para cubrir los tubos de chorro de las turbinas y disipar el calor de sus gases de escape.
El Mayor Fernando Rezoagli, en un relato personal, cuenta que reunió en su casa a los compañeros del colegio de secundaria de su hijo y les entregó varios rollos de papel de aluminio y tijeras. Durante horas y horas cortaron láminas hasta que se alcanzó un volumen considerable, pero no era suficiente y había que buscar otra forma más rápida de cortar las tiras.
Entonces observaron que las laminillas tenían el ancho de un fideo tallarín.

Fue entonces que un día, el sorprendido personal de la fábrica de pastas “Vía Nápoli” de la ciudad de Paraná, vio llegar a varios hombres de la unidad con rollos de papel aluminio… y su máquina cortadora fue la “gran protagonista” encargada de realizar la primera prueba.
Tras el éxito, se comenzó a trabajar a destajo con una cortadora de tallarines que fue facilitada a la unidad.
El sistema de contramedidas electrónicas, que había comenzado a tomar forma por el empeño de unos jóvenes adolescentes de Paraná probó su efectividad, a un punto tal que, los únicos dos aviones Canberra derribados fueron los que no pudieron lanzar los Chaff fabricados por la "maquina de fideos" ni las bengalas caseras.

Actualmente, la tallarinera industrial y los lanzadores de bengalas y chaff, pueden observarse en la sala histórica de la II Brigada Aérea, como muestras del ingenio, capacidad y profesionalismo de su personal, para crear una mínima posibilidad de defensa en el combate.


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