Opinión Victoria Giarrizzo (*) 28 de junio de 2020

Desde 2012 la argentina destruye su capital productivo

La ausencia de un crecimiento constante desde 2012 dejó una de las peores consecuencias para la economía argentina: su descapitalización.
Foto: gentileza

En 2020, la inversión bruta interna fija (IBIF) caerá 23,5% y a fin de año el país quedará casi con el mismo stock de capital de 2005.

Es decir, en 16 años habrá sufrido una de las peores descapitalizaciones de su historia y se habrá consumido parte del capital que logró recuperar entre 2003 y 2011. Es el costo de las recurrentes recesiones y crisis financieras, y explica el empobrecimiento argentino.

La descapitalización arranca en 2012 y para fines de 2020 el stock total habrá caído 41,1% frente a ese año. En términos del PBI ese stock será equivalente a sólo 3,1 veces del producto contra 4,4 veces en 2011. Siquiera en 2002 fue tan bajo.

Los datos se aproximaron reconstruyendo la serie de la vieja Secretaría de Política Macroeconómica. La evolución anual de la IBIF abre una pregunta: ¿Cómo se crece sin capital productivo? Difícil. Tanto el PBI como el empleo dependen de la inversión porque es la que incide en las capacidades productivas. La inversión no es sólo en cantidad. También calidad. Por eso es importante analizar qué tipo de inversiones se vienen realizando.

En una encuesta de CERX del año pasado, surgió que la mitad de las pymes trabajan con maquinarias viejas, de entre 15 y 70 años de antigüedad. Y 4 de cada 10 empresas cuando invierten lo hacen sólo para renovar capital obsoleto. Por eso Argentina en 15 años no pudo sostener una tasa de inversión que permita recuperar el desgaste de su capital existente.

Si se pone la lupa sólo en Maquinaria y Equipos, el stock a fines de 2020 será el más bajo en 14 años. Se puede seguir cuantificando: con la caída esperada para 2020 en el PBI (-11,6%) y la inversión, la IBIF representará apenas 14,8% del PBI, sólo superior a 2002 y por debajo del mundo desarrollado.

¿Cómo recuperar la inversión? Dos determinantes con el crédito y la tasa de interés, especialmente en maquinaria y equipo. La tasa baja alienta a endeudarse para invertir y desalienta la especulación financiera.

Otras variables sensibles son la certidumbre, la actividad esperada y la disponibilidad de crédito en dólares. A eso se suma el tipo de cambio real, donde más que si es alto o bajo, la empresa valora su estabilidad.

Para NA - (*) Directora del Centro De Economía Regional y Experimental (CERX).

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