¿Por qué el Año Nuevo se celebra el 1° de enero? Historia de una fecha que no siempre fue la misma

A lo largo de los siglos, las sociedades humanas desarrollaron distintos sistemas para ordenar el paso del tiempo, en función de sus creencias, actividades productivas y formas de organización colectiva. El calendario que hoy rige en gran parte del planeta —el gregoriano— es el resultado de una extensa sucesión de ajustes y consensos, y no una convención inmutable desde sus orígenes.
Las evidencias más antiguas de medición del tiempo se remontan a miles de años antes de nuestra era. Entre ellas figura un sistema descubierto en Escocia con una antigüedad estimada de 10.000 años, que da cuenta de la necesidad temprana de las comunidades humanas de anticipar ciclos naturales clave como las estaciones y las fases lunares.
En el mundo romano, el calendario atravesó múltiples transformaciones. Sus primeras versiones carecían de meses para el invierno y estructuraban el año en torno a diez períodos que comenzaban en marzo, momento asociado al reinicio de la actividad agrícola y al culto al dios Marte. El cambio de ciclo anual estaba vinculado al equinoccio de primavera, entendido como un símbolo de renovación y crecimiento.

A lo largo de los siglos, las sociedades humanas desarrollaron distintos sistemas para ordenar el paso del tiempo, en función de sus creencias, actividades productivas y formas de organización colectiva. El calendario que hoy rige en gran parte del planeta —el gregoriano— es el resultado de una extensa sucesión de ajustes y consensos, y no una convención inmutable desde sus orígenes.
Las evidencias más antiguas de medición del tiempo se remontan a miles de años antes de nuestra era. Entre ellas figura un sistema descubierto en Escocia con una antigüedad estimada de 10.000 años, que da cuenta de la necesidad temprana de las comunidades humanas de anticipar ciclos naturales clave como las estaciones y las fases lunares.
En el mundo romano, el calendario atravesó múltiples transformaciones. Sus primeras versiones carecían de meses para el invierno y estructuraban el año en torno a diez períodos que comenzaban en marzo, momento asociado al reinicio de la actividad agrícola y al culto al dios Marte. El cambio de ciclo anual estaba vinculado al equinoccio de primavera, entendido como un símbolo de renovación y crecimiento.

















