Crecen los sitios para crear avatares de compañía: ¿tener una pareja virtual puede considerarse infidelidad?

La expansión de estos servicios abre un nuevo debate: qué ocurre cuando una persona en pareja desarrolla un vínculo romántico o sexual con un avatar de inteligencia artificial.
Viral30 de agosto de 2026El ObjetivoEl Objetivo

ia compania virtualLa inteligencia artificial está comenzando a ocupar un lugar cada vez más íntimo en la vida cotidiana. Además de utilizarse para trabajar, estudiar o entretenerse, cada vez existen más plataformas que permiten crear avatares de compañía, capaces de mantener conversaciones, recordar preferencias, generar imágenes y adoptar una personalidad diseñada por el usuario.

El fenómeno incluye tanto avatares femeninos como masculinos y permite construir relaciones virtuales que pueden ir mucho más allá de una conversación ocasional. Algunas plataformas ofrecen personajes que funcionan como una especie de novio o novia virtual, con memoria de conversaciones anteriores y posibilidades de interacción romántica o sexual.

Un relevamiento de sitios especializados muestra que el sector continúa creciendo y que las plataformas incorporan cada vez más funciones: conversación mediante inteligencia artificial, generación de imágenes, voz, memoria de las interacciones y personalización de la personalidad del personaje.

El desarrollo de estos servicios está dando lugar a una nueva clase de vínculo: una relación en la que el usuario sabe que del otro lado no existe una persona, pero puede experimentar igualmente sentimientos de compañía, atracción o intimidad.

Un avatar que puede convertirse en "pareja"

La diferencia con un chatbot tradicional está en el nivel de personalización.

Los actuales compañeros virtuales pueden conservar información sobre el usuario, recordar conversaciones y construir una personalidad relativamente estable. De esta manera, la interacción deja de ser una simple consulta a una herramienta tecnológica y puede transformarse en una relación sostenida en el tiempo.

La investigación académica sobre los llamados AI companions también comenzó a estudiar este fenómeno. Una revisión sistemática publicada en Computers in Human Behavior Reports encontró posibles beneficios asociados a estos vínculos, como compañía, apoyo emocional y entretenimiento, pero también riesgos relacionados con la dependencia, el uso de datos personales y el deterioro de algunas relaciones humanas.

Y allí aparece una pregunta que hasta hace pocos años parecía propia de la ciencia ficción: si una persona está en pareja, ¿puede tener un novio o una novia virtual sin estar siendo infiel?

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¿Es infidelidad tener un avatar romántico?

No existe una respuesta universal.

Para algunas personas, la infidelidad implica necesariamente la existencia de otra persona real. Desde esa perspectiva, mantener conversaciones románticas o sexuales con un sistema de inteligencia artificial no podría considerarse una infidelidad tradicional porque no existe un tercero humano.

Pero la discusión cambia cuando se incorpora el componente emocional.

¿Qué sucede si una persona pasa horas hablando con su avatar, le cuenta problemas que antes compartía con su pareja, mantiene conversaciones sexuales o esconde deliberadamente esa relación virtual?

Un análisis publicado recientemente por ABC News plantea precisamente este debate y señala que los especialistas consideran que los límites pueden variar considerablemente entre una pareja y otra.

La cuestión, entonces, podría no ser solamente con quién se interactúa, sino qué lugar ocupa ese vínculo dentro de la relación real.

El secreto puede ser más importante que el avatar

Uno de los elementos que aparece con fuerza en las investigaciones sobre este fenómeno es el ocultamiento.

Un estudio citado por ABC News encontró que aproximadamente la mitad de las personas encuestadas consideraría una relación romántica de su pareja con una inteligencia artificial como una forma de infidelidad. Además, cerca de dos tercios de quienes utilizan compañeros románticos de IA afirmaron mantener ese uso en secreto frente a su pareja.

Ese dato introduce una diferencia importante.

Una persona podría utilizar un avatar como entretenimiento y hacerlo de manera abierta dentro de su relación. Otra podría mantener conversaciones íntimas, sexuales o románticas y ocultarlas deliberadamente.

En ambos casos existe inteligencia artificial, pero el impacto sobre la pareja puede ser completamente diferente.

¿Infidelidad o una nueva forma de intimidad?

La discusión también obliga a revisar qué entendemos actualmente por infidelidad.

Tradicionalmente, el concepto estuvo asociado a una relación física o emocional con otra persona. Internet amplió ese límite con las redes sociales, las aplicaciones de citas, el sexting y las videollamadas. Ahora la inteligencia artificial introduce una diferencia todavía mayor: el vínculo puede ser íntimo sin que exista otra persona real.

Una investigación publicada en The Conversation y difundida por Phys.org encontró que aproximadamente la mitad de los participantes consideraba que el uso romántico de un compañero de IA por parte de su pareja constituía infidelidad. Las reacciones negativas fueron similares a las generadas por aplicaciones de citas y webcam, y más fuertes que las asociadas con otras tecnologías sexuales, como la pornografía generada por IA o los juguetes sexuales.

El mismo análisis encontró diferencias entre grupos: las mujeres fueron aproximadamente dos veces más propensas que los hombres a considerar este comportamiento como infidelidad, mientras que las personas pertenecientes a relaciones no monógamas mostraron una menor tendencia a definirlo de esa manera.

El problema podría estar en la dependencia

Más allá de la discusión moral sobre la infidelidad, los especialistas también advierten sobre otro aspecto: la posibilidad de que estos sistemas generen una fuerte dependencia emocional.

Los compañeros de inteligencia artificial tienen una característica que puede resultar especialmente atractiva: están disponibles prácticamente en cualquier momento, no manifiestan necesidades propias y pueden adaptarse a las preferencias del usuario.

Una revisión académica sobre las relaciones románticas con IA identificó entre los posibles riesgos la dependencia excesiva, la manipulación, el uso indebido de datos personales y el deterioro de las relaciones humanas.

En otras palabras, el problema no necesariamente comienza cuando alguien crea un avatar. Puede aparecer cuando ese avatar empieza a ocupar un espacio que anteriormente pertenecía a los vínculos humanos.

Un debate que recién comienza

La expansión de los avatares de compañía plantea un escenario que todavía no tiene reglas sociales completamente definidas.

Para algunas parejas, un personaje virtual puede ser simplemente una forma de entretenimiento. Para otras, mantener conversaciones románticas o sexuales con una IA puede representar una ruptura de los acuerdos de pareja.

Por eso, quizás la pregunta más importante no sea "¿un avatar puede ser una amante o un amante?", sino "¿qué límites estableció cada pareja respecto de la intimidad virtual?".

La tecnología ya permite crear personajes con apariencia, voz, memoria y personalidad capaces de establecer interacciones cada vez más sofisticadas.

El desafío ahora no parece ser tecnológico, sino social: determinar qué lugar tendrán estos nuevos vínculos dentro de las relaciones humanas y, sobre todo, dónde empieza la infidelidad cuando del otro lado de la conversación no hay una persona, sino una inteligencia artificial diseñada para convertirse exactamente en lo que el usuario busca.

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