Un estudio afirmó que los barbijos pueden generar inmunidad frente al coronavirus

Internacional 15 de septiembre de 2020 Por El Objetivo
En esta larga espera, la comunidad científica continúa analizando todos los factores que puedan, al menos, minimizar los devastadores efectos que el nuevo coronavirus ha provocado en un elevado porcentaje de la población mundial.
Barbijos
La clave de llevar mascarilla es reducir el inóculo infectivo - foto: archivo

La Humanidad se mantiene expectante ante el desarrollo de una vacuna segura y eficaz, así como de tratamientos más efectivos, capaz de ofrecer el máximo control contra el SARS-CoV-2, cuya capacidad proteica causa manifestaciones clínicas que oscilan entre la ausencia total de síntomas hasta neumonía, distrés respiratorio agudo y muerte.

En esta larga espera, la comunidad científica sigue analizando todos los factores que puedan, al menos, minimizar los devastadores efectos que el nuevo coronavirus ha provocado en un elevado porcentaje de la población mundial.

¿Se convierte así el uso universal de la mascarilla en una única y actual forma de conseguir cierta inmunización en espera de una vacuna? De entrada, una enfermedad leve o asintomática podría considerarse un triunfo en un contexto de pandemia en términos de prevención y, en caso de confirmarse, en uno de los escasos pilares del control de la pandemia, que continúa su propagación mundial.

Si se confirma esta hipótesis, el uso universal del barbijo podría convertirse en una forma de "variolación" que generaría inmunidad y, por lo tanto, "ralentizaría la propagación del virus mientras esperamos una vacuna", señalan los autores.

La variolación o variolización es un procedimiento de profilaxis que empezó a practicarse, incluso en antiguas civilizaciones, para generar respuesta inmunitaria en patologías como la viruela, inoculando el virus, y que se aplicaba antes del desarrollo de vacuna por el británico Edward Jenner.

La técnica consistía en realizar una incisión en la piel del individuo y ponerle el polvo de las costras de viruela. Luego se cerraba la incisión y se aislaba al inoculado hasta que la enfermedad le atacara de manera leve, hasta lograr su recuperación.

La posibilidad de una "inmunidad" mediante el uso universal de barbijo se relaciona con una teoría de sobre la patogénesis viral, que sostiene que la gravedad de la enfermedad es proporcional al inóculo viral recibido.

"Esta forma de variolización es una forma de disminuir el inóculo infectivo. Hasta que no haya disponible una vacuna es importante reducir el tiempo de exposición; en este caso con el uso de mascarilla universal que se presenta en este artículo como una estrategia para reducir la gravedad de la infección en afectados y, además, para favorecer la infecciones asintomáticas", señaló Silvia Sánchez Ramón, jefe del Servicio de Inmunología del Hospital Clínico de Madrid, a quien esta táctica le parece muy adecuada para la población general y de especial importancia para personal sanitario, sobre todo en situaciones de exposición. 

Para la inmunóloga, la clave está, por tanto, en disminuir el inóculo infectivo, ya que "su carga inicial juega un papel preponderante en la gravedad de la infección. Por ello, la clave de llevar mascarilla es reducir el inóculo infectivo".

Desde 1938, la ciencia ha explorado, principalmente en modelos animales, el concepto de la dosis letal de un virus, o la dosis a la que muere el 50% de los huéspedes expuestos (LD50).

En las infecciones virales en las que las respuestas inmunitarias del huésped desempeñan un papel predominante en la patogénesis viral, como el SARS-CoV-2, las dosis altas de inóculo viral pueden desregular las defensas inmunitarias innatas, aumentando la gravedad de la enfermedad.

De hecho, la inmunopatología de regulación negativa es un mecanismo por el cual la dexametasona mejora los resultados en la infección grave por Covid-19.

Si el inóculo viral es importante para determinar la gravedad de la infección por SARS-CoV-2, una razón hipotética adicional para el uso de máscaras faciales sería reducir el inóculo viral al que está expuesto el usuario y el impacto clínico posterior de la enfermedad.

"Dado que las mascarillas pueden filtrar algunas gotas que contienen virus (con la capacidad de filtrado determinada por el tipo de mascarilla), la mascarilla podría reducir el inóculo que inhala una persona expuesta. Si esta teoría se confirma, el enmascaramiento de toda la población, con cualquier tipo de máscara que aumente la aceptabilidad y la adherencia, podría contribuir a aumentar la proporción de infecciones por SARS-CoV-2 que son asintomáticas", señalaron los autores.

Los CDC estadounidenses estimaron que la tasa típica de infección asintomática con SARS-CoV-2 era del 40% a mediados de julio, aunque en entornos con enmascaramiento facial universal fueron superiores al 80%, lo que supone una evidencia observacional de esta hipótesis.

Pero, llegados a este punto, ¿un aumento en el número de casos de asintomáticos no sería un riesgo añadido para la transmisión comunitaria al no detectar las infecciones? Sánchez Ramón consideró que la hipótesis del NEJM se plantea como una estrategia para disminuir la gravedad y conseguir infección asintomática.

Y en este último punto, siempre que se lleve barbijo en lugares cerrados y ante exposición es una posible forma de inmunizar a la población a través de la mascarilla; de ahí el concepto de variolización, sin perder de vista que tanto las personas que tienen síntomas leves como los asintomáticos generan una inmunidad".

Fuente: elmundo.es

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