EcoObjetivo Por: El Objetivo13 de julio de 2021

Detectan altas concentraciones de mercurio y arsénico en peces de un lago cordobés

Los valores encontrados estuvieron por encima de los niveles máximos permitidos. Advierten sobre un potencial riesgo toxicológico para las personas que consuman pescados originarios de ese reservorio de agua.
Las concentraciones de mercurio y arsénico en peces del embalse Río Tercero podrían afectar la salud de quienes los cons Foto: UNCiencia

La ingesta frecuente de tararira, pejerrey, dientudo, bagre o mojarras provenientes del embalse Río Tercero representa un posible riesgo toxicológico para las personas, especialmente por la marcada presencia de mercurio y arsénico, cuyos niveles estuvieron por encima de la dosis de consumo permitida por día, según estándares internacionales.

El dato es resultado de un estudio pionero en ese reservorio de agua dulce, llevado adelante por Paola Garnero y María de los Ángeles Bistoni, ambas investigadoras del Instituto de Diversidad y Ecología Animal (Idea – UNC/Conicet), y Magdalena Monferrán, del Centro de Investigaciones en Bioquímica Clínica e Inmunología (Cibici –UNC/Conicet).

El trabajo examinó la concentración de aluminio, cromo, estroncio, cadmio, níquel, plomo, selenio, mercurio (metales y metaloides) y arsénico. Con esos datos trazó distintas evaluaciones de riesgo, determinadas por estándares internacionales de consumo, como la ingesta diaria admitida, el consumo de pescado a lo largo de la vida, y el riesgo carcinogénico (en el caso específico del arsénico).

“Los metales ingresan a los cuerpos de agua, y pueden encontrarse en el material en suspensión o depositarse en los sedimentos, y desde allí ser una fuente de alimentación de la fauna”, explica Garnero, bióloga y una de las autoras de la investigación.

“Dentro de los embalses y ríos, los metales se mueven desde el sedimento a la columna de agua, y se acumulan en los organismos acuáticos a través de las branquias y piel, o por el consumo de alimentos contaminados. Este es el comienzo de la transferencia trófica, donde los contaminantes se trasladan y llegan a los peces que consumen las personas”, agrega.

Parámetros e índices analizados

Para analizar la concentración de elementos químicos se llevaron a cabo dos campañas de muestreo. La primera en julio de 2014, considerada estación seca, y la segunda en marzo de 2015, durante la estación húmeda.

Las investigadoras seleccionaron tres sitios: Río Grande, un lugar rodeado de cultivos principalmente de soja; Embalse, una zona turística con asentamientos humanos; y la Central Nuclear, un área cercana al canal de enfriamiento de agua de la Planta Nuclear Embalse, donde también se observaron prácticas agrícolas.

Para evaluar el riesgo potencial que tienen para la salud humana los elementos encontrados, las autoras tuvieron en cuenta los niveles máximos permitidos de exposición por ingesta a determinados metales, conocidos como “dosis oral de referencia”, un parámetro establecido por la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos.

“La Secretaría de Ambiente de la Nación propone índices reguladores de protección para la biota acuática para algunos agentes tóxicos (entre ellos metales), pero no pudimos encontrar valores máximos permitidos de consumo para los elementos medidos en este estudio”, comenta Garnero.

Los resultados obtenidos en este estudio y en investigaciones previas del mismo equipo de científicas, confirman la presencia de todos los elementos químicos analizados en las seis especies de peces examinadas, en el agua y en sedimentos del embalse Río Tercero.

Sobre la base de los índices analizados (IDA, CPO y RC) que relacionaron variables como cantidad de material ingerido, peso corporal, edad, y frecuencia de consumo, entre otras, sus autoras observaron que la exposición a arsénico y mercurio es la que representa un mayor riesgo para la salud de la población. Los valores de estos índices en la mayoría de las especies estudiadas estuvieron por encima de los máximos establecidos.

Garnero explica que la frecuencia de ingesta es el indicador que más aumenta el peligro: un consumo de ocho veces al mes es el que presenta mayor riesgo de exposición para la población.

Fuente: UNCiencia

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