¿Es culpa del shorcito?

Opinión 15 de diciembre de 2018 Por
¿Qué tenías puesto?, ¿qué le dijiste?, ¿por qué entraste a su habitación? ¿por qué tardaste tantos años en contar la violación?, ¿por qué lo hiciste en una conferencia de prensa?, ¿por qué no lo contaste en vivo, sino que lo hiciste mediante una grabación?
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Por qué en los casos de abusos y violaciones preguntamos “¿qué tenías puesto?, ¿qué le dijiste?, ¿por qué entraste a su habitación? Pienso que, como sociedad realizamos esas preguntas para transferir la culpa de un acto tan aberrante y monstruoso hacia la víctima, ¿será que cómo sociedad no podemos tolerar que los delitos de instancia privada no son tan privados?

El 80% de los casos de abusos sexuales se dan en el entorno familiar, el violador desarrolla así un rol asimétrico sobre la víctima que proporciona confiabilidad y resguardo. Entonces, el violador o abusador no es un monstruo como todos pensamos, o un enfermo con problemas psicosociales; es una persona que vive entre nosotros, que es producto de ésta sociedad patriarcal y despiadada que cosifica y supedita al varón por sobre la mujer, un adulto que piensa que puede acceder al cuerpo de una niña de 16 años, porque en su cabeza, ese cuerpo le pertenece, como le pertenecen todas las mujeres, pudiendo disponer de ellas.

Quizás sí, un monstruo en nuestra subjetividad colectiva, pero que actúa tan natural como justificadamente por las representaciones sociales de las que formamos parte. De pronto, en quien se confiaba, quien tenía la función de proteger, atenta contra la integridad física y emocional de la víctima, logrando la discontinuidad de su psiquismo y trastocando todas aquellas maneras de relacionarse vincularmente con su mundo interno y externo. 

"La violación no sólo vulnera el cuerpo de la víctima,
sino que además fractura su Yo en infinidad de pedazos".

La violación no sólo vulnera el cuerpo de la víctima, sino que además fractura su Yo en infinidad de pedazos, ese adulto significativo que proporcionaba sostén, es ahora quien infringe “el castigo”, por lo tanto, consecuentemente aparece la culpa… “algo habré hecho para que él actúe así, para ponerlo así”. Las víctimas sienten que son merecedoras de ese castigo y por ende no pueden compartirlo con nadie durante mucho tiempo. Nuestra sociedad pregunta: ¿por qué tardó tantos años en contar la violación?, ¿por qué lo hizo en una conferencia de prensa?, ¿por qué no lo contó en vivo, sino que lo hizo mediante una grabación? Yo me pregunto en tal ocasión, ¿por qué nos detenemos a mirar y cuestionar esos detalles mínimos cuando lo que ella está relatando es su violación a los 16 años? Será que necesitamos cuestionar banalidades para sentirnos a salvo, para sentir que eso “a mí no me va pasar”, para sentir que esos son problemas de otras personas, de otras hijas, de otras hermanas, de otras compañeras de trabajo.

La desmentida de la percepción que como sociedad infligimos sobre las víctimas es lo que les impide hablar en el momento de los hechos, tienen la certeza que van a ser cuestionadas en todas sus manifestaciones, juzgadas y descalificadas por cualquier persona que lo único que quiere es resguardarse a sí misma pensando que está exenta de que a ella le suceda, pensando que si no lo cree no existe, que si no empatiza con la víctima se podría evitar.

"La desmentida de la percepción que como sociedad infligimos sobre las víctimas
es lo que les impide hablar en el momento de los hechos,
tienen la certeza que van a ser cuestionadas en todas sus manifestaciones,
juzgadas y descalificadas".

El silencio, lo no dicho, va corroyendo su identidad, su constitución subjetiva, su autoestima; generalmente el hecho es bloqueado de su consciencia mediante complejos mecanismos de negación para poder continuar con su vida; sin embargo, en su inconsciente, está latente, acechando y listo para emerger ante cualquier circunstancia similar, quizás un lugar, un olor, una palabra, tal vez un testimonio similar. La violación y abuso conviven en el psiquismo de la víctima por siempre y el primer paso para sanarlo es hablar, pero para que eso suceda, debemos estar preparados como sociedad para escuchar, creer y respetar.

Esas mismas representaciones sociales que vamos transmitiendo de generación en generación son las que nos hicieron creer que “si no nos ponemos shorcito, no nos van a violar”… Pues, nos violan igual, nos abusan, nos acosan y además nos transfieren la culpa de la que ellos carecen; empero, la culpa está mutando y transformándose en sororidad, en acompañamiento, en sostén; ahora hemos comenzado a desandar el camino hacia la deconstrucción. La acumulación en cantidad de abusos, violaciones y acosos por los que hemos atravesados las mujeres durante tantísimos años, finalmente logra un salto en calidad tan importante como conmovedor: creemos en nosotras mismas.

Quizás nos sigan juzgando, nos violenten una y otra vez en las comisarías cuando vayamos a denunciar, posiblemente nos sigan preguntando qué teníamos puesto, pero, aun así, ya no vamos a estar solas, ya no más, ahora nos tenemos unas a otras.

Por: Moira Corendo
        Psicologa Social

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