Ideas congeladas

Opinión 16 de octubre de 2021 Por El Objetivo
La fijación recurrente y sistemática de controles, limitaciones, congelamientos y demás artilugios, sobre los precios de los bienes en una economía, es una clara demostración de su ineficacia.
canasta basica precios
Ideas congeladas Foto: gentileza

El flamante secretario de Comercio Interior, Roberto Feletti, ha puesto sobre el tablero de la economía argentina una propuesta antigua y poco exitosa: el control de precios.

El primer libro que aborda el problema del control de precios es la Biblia, cuando en el Antiguo Testamento plantea la necesidad que los gobernantes limitasen los precios del comercio entre las tribus de Israel. Es difícil explicar de qué manera las ideas intervencionistas se incorporaron a un texto religioso que propicia el libre albedrío de las personas.

Más ambicioso fue el emperador Dioclesiano, quien en el año 301 dictó un edicto sobre precios máximos que regulaba al comercio de casi todos los productos, servicios y salarios dentro del Imperio Romano.

La fijación recurrente y sistemática de controles, limitaciones, congelamientos y demás artilugios, sobre los precios de los bienes en una economía, es una clara demostración de su ineficacia. En efecto, con solamente una vez que los precios sean controlados por la disposición de algún gobierno, no sería necesario reiterar la medida exitosa.

Desde una perspectiva económica heterodoxa, los controles de precios son indispensables para permitir que los consumidores puedan abastecerse de bienes a precios accesibles. La crítica de los economistas ortodoxos sostiene que, tan pronto como aumente la demanda de los bienes con precios regulados en niveles artificialmente bajos, estos desaparecerán de las góndolas y escaparates.

El motivo del fracaso de los controles de precios obedece a que ningún agente económico estará dispuesto a vender sus productos por debajo de sus costos de elaboración. En el peor de los casos, preferirán utilizar un canal de comercialización paralelo que eluda los precios máximos fijados.

La línea de pensamiento estructuralista aporta una visión alternativa sobre el problema en cuestión, sosteniendo que los controles de precios deben formar parte de un programa de transformación económica amplio. La discusión se centra en si dicho programa de reforma económica estructural debería orientarse hacia una regulación económica integral (enfoque socialista) o hacia una liberalización económica completa (enfoque capitalista).

Pero la propuesta del secretario Feletti no parece tener tiempo suficiente como para pensar en el largo plazo y las reformas estructurales. Su plan es: retrotraer los precios a sus valores del 01/oct/2021, con vigencia por los próximos tres meses y puesta en marcha imperiosa. Tan urgido está el nuevo funcionario que anticipó que si los empresarios no se acogen voluntariamente al acuerdo de precios, el mismo será impuesto de manera “no consensuada”. En tal sentido, adelantó que recurrirá a la aplicación de la ley de abastecimiento si no hay consenso con los productores y comercializadores de alimentos para el lunes 18/oct/2021. Además, manifestó que su intención es que la política de precios sea rápidamente extendida a otros sectores de actividad.

Hay que reconocer que Roberto Feletti no tiene mayor culpa que su carencia de ideas para solucionar el problema que le han pedido que resuelva de manera urgente.

Al fin y al cabo, los precios suben porque hay inflación, y ésta obedece a la emisión monetaria con la cual se financia el déficit público (más aún después de la pandemia, y mucho más aún tras la debacle electoral en las PASO de septiembre). En ese contexto, los controles de precios sólo proporcionarán un paliativo efímero y una contundente derrota final.

Por supuesto que existe una óptica diferente, la cual sostiene que en nuestro país todos los productores y distribuidores de bienes son personas inescrupulosas y especuladoras que solo están interesadas en lucrar con la miseria de las personas. En este entorno, los controles de precios solo conseguirán un fracaso expresado en desabastecimiento y mercado negro.

 

 

Daniel Semyraz. Docente de la carrera de Contador Público y de la Lic. en Administración de la Universidad Blas Pascal. Doctor en Administración de Empresas, Magister en Dirección de Empresas y Licenciado en Economía.

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